La pastilla roja

A veces me pregunto qué habría sucedido si hubiera hecho esto o lo otro, o qué consecuencias habría tenido el haber tomado tal decisión más pronto en lugar de más tarde o por qué elegí la pastilla roja en lugar de la azul. A veces la ignorancia es la felicidad, como decía Cifra en Matrix. Pero en la mayor parte de las ocasiones, lo único que trae son problemas.

Elegí la pastilla roja, la realidad. Y la realidad a veces es dolorosa como mil demonios, por eso estoy a miles de kilómetros de donde debería estar.

En definitiva, estoy hablando de las cosas del destino, esa entidad que nadie ha visto ni tocado ni olido, pero a la que algunos achacan casi todos sus males y otros, los menos, las cosas buenas que les han tocado en la vida. Me niego a creer en el destino porque ¿qué clase de ente perturbado liaría una maraña semejante de casualidades, aciertos, despropósitos varios y decisiones equivocadas? ¿Y que todas juntas fueran conformando lo que llamamos existencia? Me niego a creer que todo esté ya planeado y escrito en alguna parte (no sé si en alguna partícula subatómica, de ésas que no hay Dios quien encuentre) y que seamos unos simples títeres de trapo en las manos del señor de las marionetas.

Pero convendrás conmigo en que la vida es extraña y retorcida de cojones.

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