HEROICA CIUDAD DE JUCHITÁN DE ZARAGOZA (o vida más allá de Polanco y el DF)

Tras un periplo de apenas cuatro días en Veracruz, en el que no me ha dado tiempo a conocer nada que no fuera el solar de la obra, el VIPs donde comía y el hotel donde descansaba, me dieron la orden de desplazarme a Juchitán, en el estado de Oaxaca (pronunciado Oajaca), que limita al Oeste con el estado de Guerrero, al Sur con el Océano Pacífico, al Este con Chiapas y al Norte con Veracruz. Para los que no tengan clara la distribución de los estados de México, como no la tenía yo hasta hace nada, Oaxaca se sitúa donde México se estrecha para dar paso a Centroamérica.

Así que saqué un billete de autobús de línea, puesto que las clases “de lujo” no cubren el trayecto Veracruz-Juchitán, no sé si porque no tiene demanda o por falta de glamour. Esperaba encontrarme un transporte en no muy buenas condiciones, pero la verdad es que se trata de vehículos nuevos, del mismo y tipo y calidad que son en España, por ejemplo, los ALSA que cubren la línea Asturias-Madrid. Nada que envidiar.

Después de seis horas y media de viaje en plena noche, en los que no he pegado ojo porque soy incapaz de conciliar el sueño en viajes así, llegué un tanto mareado a la estación de autobuses de Juchitán. El mareo no se debía ni al autobús ni al manejar del conductor, que estuvo impecable, sino a las malas carreteras llenas de baches y resaltos que hacen que parezcas estar metido dentro de una especie de batidora.  Así que llegué a las cinco menos cuarto de la madrugada con peor pinta que una mayonesa cortada.

Lo primero que descubres de este sitio es que es una ciudad pequeña, con todas las carencias y virtudes que esto supone en este país, una ciudad de 75.000 habitantes, con más o menos todos los servicios básicos.  Pero las calles parecen más sucias y más desvencijadas (con menos glamour) que las más fresas callecitas de nuestro poco querido Polanco (y Polanquito). Para los de fuera de México, el término fresa aquí viene a significar pijo. También es el mismo fruto, igual que en España, aunque aquí aplican el mismo nombre a la fresa y al fresón, no hacen distinciones. Pero resulta que los Tonatius (ese supuesto chófer al que hacía referencia el otro día Arturo) aquí son la absoluta mayoría y los habitantes más glamourosos de Polanco (y, por ende, de Polanquito) aquí ni siquiera existen. O si existen, yo no me los he encontrado todavía. Diréis que apenas acabo de llegar, pero en realidad he estado dos semanas anteriormente en este sitio y casi lo he recorrido entero. Aquí no hay Puerto Maderos con Camaros o Lamborghinis aparcados a la puerta. Los más habituales son los Nissan Tsuru de los taxistas, modelo omnipresente en todo el país. Y sí, hay grandes todo-terrenos incluso nuevos, pero las personas que los conducen no son de la casta de Polanco (o, por ende, de Polanquito) sino los orgullosos Tonatius de Juchitán. Y quizás no tengan centros comerciales de lujo, como el Antara, pero desde luego tienen tiendas de ropa, de comida, ferreterías, cines, taquerías y todo lo que uno pueda necesitar para vivir. Así que, después de todo, parece que hay vida después de Polanco.

Próximamente, más.

reflejos y realidades desde Polanco

2013-05-26 13.59.57

Este relato breve comienza cuando todas las mañanas salgo a la calle Lope de Vega para iniciar una nueva jornada en México SA de CV. Ayer por la tarde, a eso de las 7 pm, como siempre, llovió en Polanco. Siempre es igual. Siempre me desayuno los mismos pensamientos. Veo un charco y un reflejo, a veces me veo yo reflejado pero lo importante es que alguien, otro, me ve a mi cómo me miro en el charco y vé la cruda realidad.

1er charco de Polanco y primer reflejo: ACCIÓN EXTERIOR ESPAÑOLA

Atmósfera cero: cero input, cero trabajo, cero producción. Las leyes de la física no rigen. Floto en éter. El sueño de todo miembro de hecho y de derecho del alto funcionariato del Reino: vivir tranquilo, cobrar una fortuna, no pegar un palo al agua. Vida burguesa rodeado de 50 millones de pobres de solemnidad. Encima creer que el prestigio profesional que teóricamente me gané en un examen es eterno. La dura realidad es que estáis todos amortizados.

2º charco de Polanco y segundo reflejo: “TONATIU, LLEVE A LOS NIÑOS AL LICEO, POR FAVOR”

Una sensación de que unos trabajan duro, levantándose cuando aún es noche cerrada, para que otros se levanten a desayuno puesto y niños ya vestidos listos para que un chófer les lleve a la escuela, es justamente lo que uno puede palpar cuando camina hacia la oficina cualquier mañanita de Polanco. Veo pieles oscuras, pasos apresurados, tamales en una esquina y pienso cuán desigual es esta sociedad. Quién sabe a qué y quién me recuerda las suaves conversaciones que oigo y las largas cabelleras azabaches, casi azules de tan negras, que persigo en mi andadura cotidiana. Luego pienso cuán ineficiente es la élite de esta sociedad que se basa en el trabajo manual de los otros para hacer hasta las más insignificantes tareas -dentro de poco hasta para mear se la van a tener que aguantar con la mano de un empleado/a doméstico- (iba a decir indígena, pero mejor lo dejo a vuestra imaginación). Barrenderos, guardias, porteros, jardineros, chóferes, etc., un sinfín de empleos sin lustre para un sinfín de personas poco formadas, que recogen las migajas de un plato siempre lleno. Comparando con Knightsbridge, Belgrabia y Barrio de Salamanca, ¡qué obsceno se me hace tanta ostentación!

¿cómo medimos la desdicha per cápita en esta colonia?

Lo han conseguido: creer que somos dichosos por hacer lo que hacemos, pero contribuir a esta monstruosa desigualdad, y tener al pueblo manso y conforme, es justamente el sueño húmedo de toda élite parasitaria.

La realidad: llamadme contrarevolucionario, pero no creo que las levas se alcen contra los de los BMWs.El pueblo llano está AGOTADO hoy del TEDIO de ayer.

3er charco de Polanco y tercer reflejo: LOS RECICLADORES “FREELANCE”

Ya que “en origen”, nosotros “Los Nobles” no reciclamos, recuperamos ni reusamos nada de nada (para eso están ya nuestros empleados), hay unas patrullas de freelance-recycling-guys a bordo de camiones de basura que hacen el trabajo grueso por nosotros. Ésto es sólo un aperitivo del ejército de recicladores full time que están en el vertedero de Texcoco esperando a que los camiones descarguen. Se rumorea, dicen, creo que incluso andan descalzos y comen sobre las inmundicias.

La realidad es que el charco siempre nos refleja nuestra cara y, lo que es más importante, refleja un trozo de cielo azul y parte de la verde copa del árbol que crece en el alcorque descuajaringado de la acera agrietada por el último sismo. Eones nos contemplan, hace solamente cinco siglos Polanco era un cañaveral rodeando el lago de Texcoco. Un sitio mágico. Los únicos que son dueños de todo ésto son los colibries y las serpientes de agua. Amén.

La pastilla roja

A veces me pregunto qué habría sucedido si hubiera hecho esto o lo otro, o qué consecuencias habría tenido el haber tomado tal decisión más pronto en lugar de más tarde o por qué elegí la pastilla roja en lugar de la azul. A veces la ignorancia es la felicidad, como decía Cifra en Matrix. Pero en la mayor parte de las ocasiones, lo único que trae son problemas.

Elegí la pastilla roja, la realidad. Y la realidad a veces es dolorosa como mil demonios, por eso estoy a miles de kilómetros de donde debería estar.

En definitiva, estoy hablando de las cosas del destino, esa entidad que nadie ha visto ni tocado ni olido, pero a la que algunos achacan casi todos sus males y otros, los menos, las cosas buenas que les han tocado en la vida. Me niego a creer en el destino porque ¿qué clase de ente perturbado liaría una maraña semejante de casualidades, aciertos, despropósitos varios y decisiones equivocadas? ¿Y que todas juntas fueran conformando lo que llamamos existencia? Me niego a creer que todo esté ya planeado y escrito en alguna parte (no sé si en alguna partícula subatómica, de ésas que no hay Dios quien encuentre) y que seamos unos simples títeres de trapo en las manos del señor de las marionetas.

Pero convendrás conmigo en que la vida es extraña y retorcida de cojones.

Dicho así, parece fácil

Hace un mes y poco que he llegado a México, en concreto al Distrito Federal. No, no me he venido de vacaciones, sino a intentar ganarme la vida como muchos otros han tenido que hacer antes. Dicho así parece fácil, pero es una decisión muy compleja, sobre todo cuando en España queda toda mi familia, incluyendo mujer y dos hijos: el mayor tiene casi tres años y dice cuando le preguntan que su papá está en un país muy lejos haciendo casitas. La pequeña tiene un año y poco y creo que, por suerte para ella, no debe tener todavía desarrollado el concepto de echar de menos a nadie (eso espero). Y por supuesto mi mujer, que está sola ante el peligro y se ha quedado batallando con los dos (y con su trabajo también). Dicho así, parece fácil.

Tuve la inmensa fortuna de que me ofertaran un puesto de trabajo en este país, después de llevar año y medio atrapado en ese agujero devorador de almas y esperanzas llamado desempleo. Y sí, después de poner sobre la mesa todas las posibilidades que teníamos (visto el panorama en España, eran bien escasas), decidimos que al menos deberíamos intentarlo, dejando en una especie de tiempo muerto mi vida más cercana y conocida, de forma temporal. Pero como ya sabían nuestros bisabuelos y abuelos, muchos de los cuales ya tuvieron que emigrar en su día, la necesidad aprieta. Y hay un coco por ahí que se llama hipoteca, de esas que tienen suelo y que tanto beneficio están proporcionando a los mismos de siempre, a los que no tienen necesidad de emigrar porque viven a costa de parasitar a los demás, con todo el beneplácito y apoyo de esos tipos que dicen ser nuestros gobernantes, los mismos que roban a los pobres para dárselo a los ricos y rescatar sus bancos (y de paso, sus bonificaciones y sus beneficios) y cargarse todo lo que suene a derecho público (sanidad, educación, pensiones). Y aquí no pasa nada, señores. En fin, me estoy desviando del tema.

O quizás no. Porque al final el cúmulo de despropósitos creado por toda esta banda organizada de delincuentes es lo que ha generado ese monstruo llamado crisis (espero no volver a utilizar esta palabra en todas las entradas que me queden por escribir, lo prometo) que nos está llevando donde nos está llevando. Y es la causa última del inicio de esta nueva etapa de mi vida.

El caso es que, de repente, llegué a este país. Los primeros días fueron de adaptación (bueno, todavía sigo en ello un poquito) pero pasado el cambio inicial, tengo que admitir que ha sido toda una sorpresa. Por algún motivo, me esperaba un país en el que vivir fuera más complicado, pero de momento no hay nada de eso. Lo primero que me llamó la atención es la amabilidad de la gente y el trato tan agradable; en ocasiones, incluso resulta empalagoso. Pero en este caso, más vale que sobre que no que falte. Y la verdad, parece que no hay un recelo hacia los españoles, sino al contrario. Es cierto que a España llegan las noticias negativas (las chicas violadas de Acapulco o los españoles encontrados asesinados estos días) pero al final, supongo que es una cuestión de estadística y probabilidades. Yo estoy aquí y no vivo con sensación de inseguridad, por lo menos por los sitios que me he movido. Está claro que si vas a un lugar poco recomendable, lo más probable es que te la encuentres. Pero lo mismo pasa en Madrid si te metes en Las Barranquillas, tienes muchísimas papeletas de acabar mal.

Es cierto que hay muchas peculiaridades que me llaman la atención (¿cómo pueden desayunar tacos picantes como mil demonios a las ocho de la mañana?), pero también supongo que es un poco por la novedad. Pero tiempo al tiempo, veremos a ver qué estaremos desayunando aquí dentro de unos meses.

Porque como dice mi colega Arturo, cofundador del blog, nos estamos mejicanizando.

Dicho así, parece fácil.